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"Todo jugador necesita un psicólogo"

El "Dibu" Martínez y la psicología

Hace cuatro años, ante una crisis por falta de continuidad en el fútbol, el arquero de la selección comenzó a analizarse con el ex terapeuta del Arsenal de Inglaterra; hoy conversa con él hasta tres veces por semana para cuidar su salud mental; “todo jugador necesita un psicólogo”, dijo en su momento

Fuente: LA NACION
El vínculo del arquero titular de la selección con la psicología arrancó en 2018. La frustración que lo agobiaba lo llevó a cuestionar creencias históricas, como esa que dice que la terapia es para locos. No, su salud mental estaba sana, pero no podía decir lo mismo de su vínculo con su gran pasión. “El problema no es que no estoy jugando al fútbol. El problema es que dejé de mirar fútbol. El problema es que siento que estoy dejando de amarlo”, llegó a decirle entonces a Mandinha, su mujer.

El rumbo que había tomado su carrera estaba apagando su fuego interno. Su presente se parecía poco al que había soñado. Vivía en Madrid y estaba a préstamo en el Getafe, el equipo español, aunque su pase era del Arsenal. Pero en el gigante inglés no tenía lugar y se estaba hartando de pivotear entre préstamos y bancos de suplente. Sus metas eran otras, más grandes, y se sentía tan lejos de ellas como cuando a los 12 años le puso punto final a su infancia en el Barrio Jardín de Mar del Plata para cumplirlas en Independiente.

La lista de sacrificios que hizo desde chico para alcanzar esas metas era enorme. El mismo Dibu los enumeraría durante una entrevista reciente: “Lloré muchas noches, viajé doscientos mil kilómetros, fui a préstamos feos, lindos, a lugares horribles, la pasé mal, quise volverme a Argentina, quise dejar el fútbol, quise dejar a mi agente desde los 12 años. Hay muchas cosas que pasé que sólo mi mujer conoce”.

¿Con qué soñaba? Con destacarse como arquero en alguno de los mejores clubes del mundo y con defender el arco de la selección de su país. Sentía que tenía todo para lograrlo pero, sin embargo, no alcanzaba. Hasta que algo ocurrió en su interior cuando nació su hijo Santi, en 2018. Dejó los prejuicios de lado y comenzó terapia.

Al año siguiente, una lesión del arquero titular, el alemán Bernd Leno, lo puso a defender el arco del Arsenal. No desaprovechó la oportunidad. Veinte partidos y dos campeonatos fueron más que suficientes para gritarle al mundo esa certeza que, muy probablemente, había comenzado a afianzar en sus sesiones de terapia: que el banco de suplentes le quedaba chico.

Al año siguiente, una lesión del arquero titular, el alemán Bernd Leno, lo puso a defender el arco del Arsenal. No desaprovechó la oportunidad. Veinte partidos y dos campeonatos fueron más que suficientes para gritarle al mundo esa certeza que, muy probablemente, había comenzado a afianzar en sus sesiones de terapia: que el banco de suplentes le quedaba chico.

Por eso, con el retorno de Leno como titular, Dibu tomó la decisión de dejar el Arsenal para buscar continuidad en otro club. Corría el año 2020 cuando se convirtió en el arquero titular del Aston Villa, otro equipo de la Premier League, la máxima categoría del fútbol inglés. Los 21,5 millones de euros que pagaron por su pase lo ubicaron como el arquero argentino más caro de la historia. Además, hoy es el único arquero argentino titular en el fútbol europeo.

Y solo un año más tarde, se volvería el héroe nacional que, junto a Lionel Messi, hizo posible que la Argentina se consagrara en el Maracaná como campeona de la Copa América. El furor había arrancado en la semifinal contra Colombia, cuando en la definición por penales hizo suya la frase: “Mirá que te como”. Esa noche, durante el festejo en el vestuario, Dibu improvisó un baile mientras su nombre era coreado por sus compañeros.

“Todo jugador necesita un psicólogo”

Pero si los sueños tuvieran letra chica, los de Emiliano habrían dicho que pertenecer a la elite del deporte de alto rendimiento genera enormes niveles de exposición y responsabilidad. Una mochila muy pesada con la que hay que aprender a lidiar. Y que cuando los sueños involucran al fútbol y a la Argentina, quien sueña no debe olvidar nunca que con el mismo fervor con que se catapulta a alguien al cielo de los héroes, se lo puede hundir al inframundo de los villanos.

Tal vez las charlas semanales con Priestley, psicólogo con más de veinte años de trayectoria en liderazgo y deportes de alto rendimiento, desgranan bastante algo de todo esto.

Hace unos meses, Dibu se sentó frente a un periodista del diario El País de España y le contó sobre su proceso terapéutico: “Hablamos dos o tres veces por semana antes de un partido. Mi cabeza está más centrada que nunca, gane o pierda. Con lo que exige el fútbol a nivel mundial, creo que todo jugador necesita un psicólogo”.

Dibu no se detuvo ahí y fundamentó su afirmación: con el auge de las redes sociales, los jugadores se vuelven blancos fáciles de insultos, amenazas y hasta reclamos para que se retiren del fútbol. “Hay que tener la cabeza centrada y un objetivo”, le dijo al periodista español este hijo pródigo del psicoanálisis. Había llegado a esa entrevista con sus sueños de toda la vida cumplidos. Y, justamente por eso, cargaba con nuevas presiones.

El talento y las condiciones las tuvo siempre. También la confianza. Pero, a veces, la psicología te ordena. Y creo que esa fue la principal función que tuvo en el caso de Emiliano. Lo ordenó”, reflexiona Goñi, experiodista y representante de otras figuras, como Martín Palermo.

Desde hace varios años, los clubes europeos tienen equipos de psicólogos que funcionan como coaches. Buscan generar cohesión en el equipo y trabajar valores como la confianza y la actitud positiva. Pero todo equipo es una suma de historias, más o menos duras, que pueden agitar fantasmas y conspirar contra un rendimiento sano. Por eso cada vez son más los especialistas que recomiendan un complemento de terapia individual donde poder volcar miedos y frustraciones sin temor a que eso signifique poner en juego la consideración del técnico o del resto del equipo.

El tabú de mostrarse vulnerable

“Los futbolistas cargan con la presión de tener que dar satisfacciones permanentemente. A los hinchas de su equipo o a todo un país. Lamentablemente, todavía impera esta idea de que los hombres no lloran. Entonces, mostrarse vulnerable se vuelve un tabú. Esto es potencialmente peligroso, sobre todo en un deporte como este, en donde, cuando se pierde, lo que manda es buscar culpables”, analiza Ariel Borensztein, miembro de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina.

Para el especialista, que trabajó tanto en hospitales como en clubes, es fundamental prevenir cualquier desequilibrio. Tanto la falta de motivación como su exceso pueden ser peligrosos. Además, sostiene, cuando se trata de un arquero, se hace necesario un trabajo diferencial: “No debemos perder de vista que es una posición en la que cualquier error, por mínimo que sea, se ve. Sólo en algunos partidos el arquero tiene espacio para destacarse. En general, su trabajo pasa inadvertido pese a que es quien ordena el equipo”.

Fuente: lanacion.com.ar

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